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La isla de Bali: de cómo un viaje puede cambiarte.

by Granadino Errante

Llegué a la isla de Bali con todos los nervios que puede llevar alguien que viaja de mochilero por primera vez, y en solitario. Y con un hambre voraz… Hambre de perder de vista lo que dejaba atrás.

Granadino Errante

  De vivir por fin una aventura soñada durante mucho tiempo. De alejarme de todos los años de agobio económico y frustración. Ni siquiera fue mi opción primera ni la principal. Y sin embargo, encontré un paraíso amable y lleno de vida. Los fantasmas se disolvieron, la negatividad que había vivido no importaba ya nada. Allí estaba la isla de Bali, cálida y familiar, limpiando y mimando a un viajero recién legado. Por segunda vez en mi vida una isla me cambiaba la forma de ver las cosas. Y por no-se-cuánta vez, volví a nacer.

La isla de Bali

es de todos los lugares que conozco, lo más parecido a la definición de paraíso.

- ¿Por qué a Bali?

Yo lo único que quería era irme lo más lejos posible, sin que me costara demasiado. Ese era mi punto de partida. Y no buscar grandes ciudades ni famosos monumentos. Quería naturaleza y tranquilidad, algo que no me resultara europeo ni familiar. Asia había sido un destino soñado por mí desde adolescente. Así que ¿por qué no cumplir un viejo sueño? Comencé a buscar billetes de avión baratos y lo mejor que encontré fue a Yakarta por 408€. Empecé a investigar, leer en internet… ¿Dónde quedaba exactamente esa ciudad? Sabía que era capital de Indonesia, pero no tenía ni idea de que el país era un archipiélago de más de 17.000 islas. Encontraba nombres míticos como Borneo, Sumatra, Macasar, Java, Borobudur, Papúa… o Bali. Quería verlo todo, ir a todas las islas. Finalmente senté los pies en la tierra tras mucho navegar con la ilusión por los mapas. 17 días no dan para tanto y menos en esos destinos. Decidí centrarme en Bali, una isla pequeña más fácil de recorrer. Y donde quizás podría probar algo que siempre había tenido curiosidad por hacer: el surf. “Seguro que allí es más barato” pensaba yo.

Fantasías de quien no había viajado por Asia.

Yo imaginaba mares turquesas surcados por barcos con velas al estilo chino, lugares exóticos. Pueblos con gente vestida al estilo tradicional, que tendría que hablar a veces por señas. Mercados repletos de telas y porcelanas… Vamos, como si viviéramos aún en el S. XIX. Los mares turquesas son ciertos. Y bellísimos además. Pero cuando llegué finalmente a Asia (puedes leer la primera impresión en “Yakarta: impresiones de un viajero recién llegado”), la cosa era diferente. Me avergoncé de haber tenido pájaros en la cabeza, era como si alguien visitara España pensando que iba a encontrar un país de flamencas y bandoleros.

La isla de Bali.

Las orquídeas crecen en las macetas como aquí los geranios.

Pero cuando puse los pies en Bali, ya desde el mismo aeropuerto, hubo un flechazo. Me daban igual los turistas y la locura del tráfico. Yo solo veía un calor que no quemaba, una humedad que no agobiaba. Veía las orquídeas que crecían en los maceteros del aeropuerto como aquí crecen los geranios. Todo era verde, todo el mundo sonreía, todos eran maravillosamente educados. Empecé una auténtica luna de miel conmigo mismo y con la isla. De la jungla del sur a la selva del centro; las playas, el volcán, las cascadas, los manglares… Todo me encantaba, todo me venía bien. No hice ni la mitad de cosas que quería hacer, y me faltó por visitar media isla. Pero me daba igual. Era feliz en mi bungalow de Uluwatu, en mi Balifornia. Me bastaba con estar allí, cruzar el puente para ir a comprar agua y comida. Ir a cenar cerca del templo rodeado de surferos de todo el mundo… Y tumbarme en Thomas Beach alucinando de poder estar en un sitio tan hermoso. Me costó trabajo dejar aquello para dirigirme a Ubud, realmente tuve que hacer un esfuerzo. Como esos primeros días de enamorado, donde no se quiere salir de la habitación ni de la cama. Yo me sentía igual.

- El país del agua.

Thomas Beach, la de horas que pasé allí enamorado del paisaje y su agua.

Esa es realmente la sensación con la que describiría Bali. La sensación como cuando buceas, y te ves sumergido en aguas calientes, mecido, ajeno a lo que hay en la superficie. Bali es como un abrazo. El agua le da un carácter fértil y suave a la isla. Incluso el día que se pasó lloviendo, me pareció hermoso jajaja. Salí al porche del bungalow y pasé el día mirando llover y leyendo “Juego de Tronos”. O cuando me caló hasta los huesos en la ladera del Agung, en una excursión con mi scooter. Bali fue como reencontrarte con una abuelita que te mima… ¿Cómo iba a cambiarme el ánimo por nada? No paraba de ver cosas que me encantaban, los templos, los arrozales, el verde… Tanto verde por todas partes me tenía asombrado. Todo es fertilidad allí. Y las cascadas. La euforia que sentí al ver la selva y el agua caer en Nung Nung , no se me olvida aún.

- La vuelta a casa.

Arrozales de Tegalalang, cerca de Ubud.

Curiosamente no se me hizo duro el momento de dejar la isla de Bali. Tanta fertilidad, tanta exuberancia tuvieron efecto en mí. Y volví preñado hasta los ojos, jaja. Preñado de sonrisas, de cosas nuevas. De confianza por haber resuelto el viaje yo solo. De ideas y de ganas de hacer cosas. De sentirme afortunado de tener una realidad mucho más amable que la de muchos balineses, que sin embargo sonreían sin parar. Con la mirada llena de mundo y de deseo por volver a viajar. De ver otras realidades, de conocerme en facetas nuevas donde no sea el mismo yo que suelo conocer. Este blog es fruto directo de ese “embarazo”. Y 18 meses después aquí sigo, hecho un granadino errante jeje.

Seguramente, este es el post más personal que he escrito hasta la fecha. No puedo ser objetivo ni darte consejos prácticos en esta aproximación a Bali, ya seré más útil en el resto de artículos sobre la isla (podéis consultar todo lo publicado sobre esta increíble isla en la sección del blog Bali). Tendrás que disculpar mis  confesiones. Pero tienes que entender que, al fin y al cabo, son palabras de un hombre enamorado de la isla de Bali.

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6 comments

Belén 5 enero, 2018 - 9:56 pm

Me ha encantado!!! Ha sido muy bonito, como poder verlo a través d tus palabras, gracias!! 😉

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Granadino Errante 6 enero, 2018 - 1:25 pm

¡Ey Belén! Muchísimas gracias
Tenía algo de miedo de hacer un post tan íntimo, pero bueno… no todo son consejos y datos. Y creo que es bueno que me conozcáis un poquito mejor, y dar una mirada personal. Bali lo merece jeje.

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Ana 9 julio, 2018 - 10:34 pm

Holaaaa!!! Llevo mirando semanas para ir a Bali y no acaba de decidirme… Tus palabras me han quitado todas las dudas en un momento!! Lo que has escrito en Por qué a Bali? Define a la perfección lo que quiero… Irme lo más lejos posible…no grandes ciudades ni monumentos…si naturaleza y tranquilidad….así que allá voy!!! La semana que viene estoy en Bali sí o sí!! Sigues por allí? Mil gracias por tus palabras!!!! ❤️

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Granadino Errante 10 julio, 2018 - 9:49 am

¡Hola Ana!
Eso quisiera yo, estar en Bali jeje.Pero nada, currando en mi ciudad como los buenos. Me alegro mucho que el post te haya decidido, creo que te encantará porque Bali es espectacularmente bonita y muy tranquila, siempre que huyas de las zonas de Kuta y alrededores.
Cada experiencia es un mundo y cada viaje único, ojalá el tuyo sea todo lo que esperas y más.
No publiqué casi de Bali por falta de tiempo, pero sí te puedo ayudar en algo avisa 😉.
Un saludo.

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Ana 11 julio, 2018 - 4:36 pm

Holaaaa!!! Tu ciudad tampoco está nada mal…viví allí un año y me enamoré de ella!!! Pues quería pasar los 3 primeros días en Kuta…jijii…más que nada porque está cerca del aeropueto y necesito una reserva de 3 días para el visado…pero huiré después de allí…jajaja…. Pues si me recomiendas sitios para visitar allí estaría genial, si no es mucha molestia….no sé si ves mi email…a lo mejor es mejor por privado…. Bueno ya me dices que me enrollo con facilidad!!! Mil gracias de nuevo!!!!!! Un abrazo!

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Granadino Errante 11 julio, 2018 - 8:31 pm

Pues seguramente no soy el más apropiado para aconsejarte sobre Bali, porque mi viaje fue muy “sui generis”. Estaba tan a gusto en Uluwatu, la zona surfera al sur de Kuta, que casi me tienen que sacar de allí con aceite hirviendo jeje. Ubud deberías visitarlo sí o sí, es bastante tranquilo a pesar de ser una población importante de Bali. Desde allí puedes hacer excursiones (eso hice yo alquilando un scooter) a templos y alrededores. Muy cerca de Ubud tienes los arrozales de Tegallalang que son una auténtica maravilla, mejores para mi gusto que los de Jatiluwih. También es maravillosa la zona alrededor del Lago y volcán Batur. Y si te gusta la artesanía, todos los pueblos alrededor de Ubud se dedican a ella, cada uno especializado en una cosa.
Yo te aconsejo también hacer un rafting, ir a alguna cascada (son brutales) y contratar un día de excursión con un guía local. Si eres comunicativa, podrás conocer cosas desde la perspectiva de ellos, y entender y preguntar las miles de cosas que seguro te sorprenden.
Si tuviera que volver a Bali, exploraría las zonas de los lagos (donde está el famoso templo del agua) y la costa oeste
y la norte. Son lo menos turístico y por lo visto, según me dijo un guía local, encierran varias joyas.
Perdona que no sea más concreto, pero es que yo me dediqué a playa y perderme con scooter cuando me apetecía. Hay sitios que estuve que no se ni cómo se llaman ni sabría indicarte, porque cuando digo lo de perderme es literal, jeje. También piensa que yo soy el tonto de los paisajes, jaja. Entonces no buscaba tanto algo concreto como dar vueltas, pararme donde me apetecía y admirar las vistas.
Así que mi mejor consejo, aunque sea muy impreciso, es que te saques la licencia internacional de conducir, te alquiles una scooter (es muy barato) y te pongas a dar vueltas por donde te apetezca, cuando te apetezca y como te apetezca.
Vas a encontrar y conocer gente seguro, y una buena guía (yo usé la de Lonely Planet) te será muy útil.
¡Espero que me cuentes a la vuelta qué tal te ha ido!

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